Diana residence – Bibione
A pocos pasos de la playa de Lido del Sole (Bibione, VE), la Residencia Diana se presenta como un proyecto que redefine el concepto mismo de hospitalidad residencial. No es un simple complejo de apartamentos, sino un mosaico de ambientes en el que cada unidad residencial tiene su propia identidad visual, aunque forma parte de una narrativa coherente y reconocible.
El arquitecto Marco Zanello ha firmado un proyecto en el que los papeles pintados Instabilelab no solo revisten las paredes, sino que las transforman en elementos arquitectónicos activos: superficies que dialogan con la luz, con el mobiliario, con la propia experiencia de la vivienda temporal. Desde las atmósferas botánicas de Francisca hasta las dunas contemplativas de Dylan, desde el rigor geométrico de Febe hasta la audaz elegancia de Frida, desde las líneas fluidas de Amante hasta el gusto retro de Torvi, desde la delicadeza de Ruby e Illinois hasta el impacto escenográfico de Verde Felce, Belmont, Samir y Ammoniti: cada apartamento cuenta un capítulo diferente de la misma historia.
Este proyecto también se distingue por su atención artesanal al detalle: en varias habitaciones, los cojines a juego con los tejidos combinados con el papel pintado refuerzan la armonía cromática, llevando la coherencia del diseño desde la pared hasta los complementos decorativos. Un enfoque integrado que demuestra cómo el total look de Instabilelab puede extenderse más allá de la superficie vertical, abarcando todo el ambiente.
Nos reunimos con el arquitecto Zanello para explorar las decisiones de diseño que hay detrás de esta intervención y descubrir cómo se construye una identidad visual capaz de hacer que cada apartamento sea único y, al mismo tiempo, parte de un sistema reconocible.
– La Residencia Diana alberga varios apartamentos, cada uno con su propia identidad visual, pero todos formando parte de un mismo proyecto. ¿Cómo habéis logrado este equilibrio entre singularidad y coherencia? ¿Ha habido una lógica compositiva que haya guiado la asignación de los diferentes diseños de Instabilelab a los distintos ambientes?
La Residencia Diana nace como un proyecto unitario, por lo que lo primero fue definir una gramática común: paleta básica, materiales recurrentes, calidad de la luz, algunos elementos constantes (señalización, proporciones, tono general). Sobre esta estructura hemos construido la singularidad de cada apartamento, como si fueran capítulos diferentes de la misma historia.
Con Instabilelab no hemos «distribuido gráficos» de forma aleatoria: hemos creado una lógica compositiva ligada al carácter del espacio y al uso. En la práctica, hemos asociado a cada ambiente una identidad basada en tres criterios:
- Luz y orientación: gráficos más enérgicos donde se necesitaba dinamismo, más suaves donde se necesitaba calma. En el apartamento más luminoso. Por ejemplo, en el apartamento n.º 35 frente al mar, hemos elegido un gráfico más vibrante (Papaveri 01), mientras que en el más recogido, una textura más suave (por ejemplo, apartamento n.º 4 – gráfico Febe 01).
- Dimensión y ritmo: patrones más densos o más aireados según las proporciones.
- Atmósfera deseada: acogedora, alegre, más «elegante», más mediterránea, etc.
Así, cada apartamento es reconocible y diferente, pero sigue siendo inmediatamente «Residencia Diana» porque las reglas básicas (materiales, tono cromático y jerarquías visuales) mantienen todo unido.
– En este proyecto, el papel pintado no se limita a la pared: en varias habitaciones se han creado cojines a juego con los tejidos combinados con los gráficos. ¿Cómo surgió la idea de extender el lenguaje visual de la superficie vertical al complemento decorativo? ¿Qué impacto ha tenido esta elección en el ambiente general de las habitaciones?
La idea surgió del deseo de evitar que el papel pintado se quedara en un «fondo» y se convirtiera, en cambio, en parte de un lenguaje habitable. Cuando un patrón funciona realmente, no es solo decoración: puede crear ambiente, ritmo, identidad. Extenderlo a los cojines fue una forma de llevar ese signo del plano vertical al del contacto diario, haciéndolo más cercano, más doméstico, más vivido.
Todo ello se reforzó con la elección del blanco para la ropa de cama y de baño: una especie de «lienzo» luminoso que deja a los cojines el papel de acento y protagonista.
Desde el punto de vista del diseño, también es una elección coherente: el diseño gráfico no se limita a la pared, sino que dialoga con los volúmenes suaves y la paleta de tejidos. Hemos trabajado para evitar el efecto «total look», eligiendo dosis y combinaciones: en algunas habitaciones, el cojín retoma el papel pintado de forma puntual, en otras lo interpreta con una variante o un detalle cromático.
El impacto en el ambiente fue inmediato: los espacios resultan más cálidos y acogedores, con una sensación de proyecto «completo», casi a medida. Además, los textiles ayudan a suavizar la percepción de las superficies y a dar profundidad, ya que el patrón cambia de comportamiento al pasar de la pared al tejido: se vuelve menos gráfico y más táctil.
– Con un catálogo tan amplio como el de Instabilelab y decenas de apartamentos que caracterizar, el riesgo es la parálisis por exceso de opciones. ¿Hubo un criterio inicial que redujera el campo o procedisteis por combinaciones progresivas?
Al principio, el catálogo es una tentación infinita, así que nos impusimos una regla: primero el ambiente, luego el diseño gráfico. Etiquetamos cada apartamento con un carácter específico y solo después buscamos los gráficos que lo describieran. Una vez reducido el campo, el resto fue una cuestión de dirección: pruebas y ajustes, porque un papel pintado cambia completamente según la luz, las dimensiones y lo que hay a su alrededor.
A partir de ahí, trabajamos en dos fases: una selección inicial que reducía el campo (paleta, intensidad del patrón, escala, temperatura cromática) y, a continuación, un proceso de combinaciones progresivas verificadas en el espacio real: luz natural, dimensiones de la habitación, materiales ya presentes y, sobre todo, equilibrio entre paredes y textiles. En algunos casos, la elección fue inmediata, en otros fue una pequeña «dirección»: probar, quitar, simplificar, hasta encontrar la combinación adecuada.
El objetivo no era llenar cada apartamento con soluciones diferentes, sino hacer que cada diseño gráfico fuera exclusivo, coherente con el ambiente y legible junto con los demás.
– Un elemento recurrente en el proyecto es el uso de papeles monocromáticos de la colección One Color en combinación con los motivos principales. ¿Qué papel han desempeñado estas superficies uniformes en la construcción del equilibrio visual general?
En un proyecto muy gráfico, el color liso es como el silencio en la música: no es ausencia, es ritmo. One Color nos ha permitido mejorar la «fluidez» de los motivos, creando pausas, jerarquías y continuidad cromática entre materiales y tejidos. Y cuando todo respira, todo parece más natural.
Además, han sido un elemento de unión: han ayudado a vincular entre sí el papel decorativo, el mobiliario y los textiles mediante un color «de sistema», coherente con la paleta de colores del apartamento. En algunas habitaciones han definido las jerarquías (dónde debe estar el acento y dónde debe estar la calma), en otras han corregido las proporciones y la luz, haciendo que el conjunto sea más equilibrado y contemporáneo.
También nos ayudaron a gestionar la percepción de la luz: el mismo patrón cambia mucho si tiene al lado una superficie llena, calibrada en el tono adecuado
De hecho, los colores lisos no son el fondo neutro del proyecto: son la estructura silenciosa que mantiene todo unido y hace que las composiciones sean más legibles.
– En un proyecto hotelero de esta envergadura, con múltiples apartamentos que coordinar, ¿qué importancia tuvo poder contar con un único proveedor para el papel pintado, los tejidos y las soluciones integradas? ¿La colaboración con Instabilelab influyó también en el proceso operativo, además del creativo?
La colaboración tuvo una gran importancia, porque en un proyecto hotelero con tantos apartamentos la creatividad por sí sola no basta: se necesita un sistema que también sea viable desde el punto de vista operativo. Contar con un único interlocutor para el papel pintado, los tejidos y las soluciones coordinadas nos ha proporcionado dos ventajas enormes: coherencia y control.
Con Instabilelab hemos tenido la sensación de trabajar con un lenguaje ya «completo»: el diseño gráfico no era un elemento aislado, sino que dialogaba de forma natural con los tejidos y los detalles. Esto nos permitió imaginar cada apartamento como un pequeño mundo coherente, con su propia atmósfera, sin perder la identidad global del proyecto.
Luego está la parte menos visible, pero decisiva: cuando hay muchos ambientes que coordinar, la complejidad puede convertirse en ruido. Tener una única dirección significa menos pasos, decisiones más rápidas, muestras más claras y una continuidad que te acompaña desde la idea hasta la realización. En la práctica: la creatividad sigue siendo libre, pero el proceso se vuelve más ligero. Y esto, en el sector hotelero, es una forma de lujo muy concreta.
Queríamos que Residencia Diana se percibiera como un mundo único, no como una suma de habitaciones. Por eso, el proyecto no se limitó a los apartamentos, sino que se extendió también a los pasillos, la recepción, la sala de desayunos y los espacios de servicio. Confiar también estas áreas a una única dirección fue una decisión basada en la confianza y la responsabilidad que hizo que la identidad del lugar fuera más compacta, más creíble y más memorable, ya que el huésped no vive ambientes separados, sino que vive un recorrido.
El arquitecto Zanello ha construido un sistema en el que cada apartamento es un capítulo, cada gráfico una voz, cada cojín un punto de contacto entre el espacio y quienes lo habitan.
La respuesta del diseño es un equilibrio en varios niveles: una gramática común —paleta de colores, materiales, jerarquías visuales— sobre la que injertar variaciones controladas. Los motivos de Instabilelab se convierten en instrumentos de caracterización; los colores lisos sirven de conexión y calibración de la luz; los tejidos coordinados aportan coherencia hasta el nivel de los detalles táctiles.
Es en este diálogo entre signo y pausa, entre patrón y respiración, donde nace la identidad de un lugar. Quienes diseñan los alojamientos saben bien que los huéspedes no recuerdan los acabados: recuerdan cómo se sintieron. Un lenguaje visual coherente, capaz de extenderse desde la pared hasta el cojín, es la forma más eficaz de convertir un salón en un recuerdo.





